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Los
Incas

Manco Cápac, fundador
de la estirpe inca
(Dibujo del cronista indio
Felipe Guamán Poma)
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La leyenda de los Hermanos Ayar
Después de un diluvio, y cuando las aguas volvieron
a su cauce normal, el dios Sol dio vida a los primeros mortales que
se originaron en Pacarictambo o "morada de la procreación".
Allí, en las altas cuevas de Tamputoco o "recinto de las ventanas"
habían tres socavones: Maras Toco "cueva salada", Sutic Toco "cueva
húmeda" y Capac Toco "cueva de la abundancia".
De las dos primeras salieron las etnias Maras
y Tambos, sin dejar mayor progenie en el mundo, y de la última descendieron los
hermanos Ayar, los hijos preferidos del Sol. Como la misión era poblar el mundo,
el dios Sol les confirió una mujer a cada hermano. Así, Ayar Manco -el
mayor- tuvo como esposa a su propia hermana Mama Ocllo; Ayar Auca
a Mama Huaco; Ayar Uchu a Mama Raura, y Ayar Cachi
a Mama Cora.


Rito inca (Dibujo de Guamán
Poma)
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Ordenados por su padre, los hermanos se encaminaron
hacia el Sur, pero en la larga travesía por los páramos y los llanos
andinos, el temperamento rebelde e incontrolable de Ayar Cachi -el
menor- exacerbó el recelo de sus hermanos que utilizando un ardid
hacen que Cachi vuelva a Tamputoco donde es encerrado para siempre.
Dicen que la fuerza de sus gritos hizo brotar
los manantiales y discurrir los ríos. Alcanzados por la maldición
del hermano menor, Ayar Uchu se convirtió en una montaña pétrea;
Ayar Auca pereció ahogado en un río, y solamente Ayar Manco y sus
hermanas viudas llegaron al Cusco.
Recopilación y versión de Odi Gonzales
Mitología Andina: El origen del hombre
Dentro de la vasta mitología que configura el pensamiento
quechua, existen muchos sobre el origen del hombre andino. Los mitos
más recurrentes afirman que los hombres surgieron espontáneamente
de sus pacarinas o lugares de origen. En las leyendas y relatos orales,
los indígenas afirman hasta hoy provenir de fuentes, cerros, lagunas
o cuevas.

Llamado a los Apus,
del artista peruano Luis Solorio (técnica mixta, 1996)
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Sin embargo en las crónicas -redactadas a
partir de testimonios del siglo XVI para adelante- fueron los supremos
dioses los que crearon a los hombres. No se sabe si junto a estos
mitos ya existía la "idea" de la concepción del universo en tres
niveles: Hanaq pacha (el mundo de arriba, donde moran los dioses),
Kay pacha (la tierra o el mundo de los vivos), y Ukhu pacha (el
subterráneo o mundo de los muertos).

Los ciclos míticos: Viracocha y Ayar
El reino de los dioses civilizadores Viracocha y
Ayar se extendió en la zona sur del antiguo Perú. Mas, esto no
quiere decir que los ciclos míticos de Viracocha y Ayar se hayan desarrollado
paralelamente, ni que sean contemporáneos a otros reinos de la costa
como el de Huarochirí, ni a la estirpe de Manco Cápac
y Mama Ocllo, ancestros de la cultura inca. En el ciclo de
los Viracochas hay, ciertamente, una gran confusión al exisitir hasta
4 dioses con el mismo nombre. Investigadores como María Rostworowski
afirman, sin embargo, que se trata de un solo dios y tres "servidores"
que peregrinan por el mundo andino con distintas misiones.
El Viracocha Principal I, tiene diversos nombres:
Tecsi Viracocha o Pachayachachic (Hacedor de todas las cosas); representa la sabiduría,
la capacidad para ordenar el mundo y las cosas. Generalmente a esta deidad se
le relaciona con el origen del agua y las técnicas de navegación. Al Viracocha
II, Imaymana Viracocha, se le relaciona con las propiedades curativas de las plantas
y las labores agrícolas. Al Viracocha III, Tocapo, se le relaciona con los tejidos.
Y, finalmente, al Viracocha IV, Taguapaca o Tunupa, se le relaciona con la procreación
de la fauna marina, pero también con la desobediencia y la rebeldía.

Monolito Raymondi. Representación
de un dios felino.
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En la antigüedad, existieron igualmente otros ciclos míticos
que reinaron en diversas regiones del Perú. Por ejemplo, el de Con (costa norte),
Chincha (valle de Chincha), Cañaris (Quito), Ancasmarca (valle surandino del Cusco),
Tumbe (Tumbes), Tumayricapa (Tarma y Huánuco), Raco (zonas frías del altiplano),
Naimlap (Lambayeque), Illapa (sierra sur), Guari, Libiac (sierra central y nor-central),
Catequil, Piguerao (sierra norte), Chicopaec, Aiapaec (costa norte), Urpay Huachac,
Auca Atama (valle de Lima), entre otros.
Es importante señalar que todos estos ciclos míticos
estuvieron, al parecer, vigilados y regulados por Pachacamac, el
gran dios invisible, con quien termina y comienza cada ciclo, al
cabo de un desastre (cataclismo o diluvio). Pachacamac es
el generador permanente del pachacuti o renovación del mundo, es
decir, el fin de un Presente y el inicio de Otro, por lo que, por
más de una razón, constituye el eslabón con la dinastía inca.

Manco Cápac y el reino Inca
Para muchos estudiosos, el periodo Inca comienza
con la pareja conformada por Manco Cápac y Mama Ocllo
que ya no son deidades creadoras, sino los civilizadores hijos del
Sol y, por lo tanto, intermediarios con los hombres. Surgidos por
mandato divino -de las espumosas aguas del lago Titicaca-
llegan al mundo para enseñar a los hombres los diversos oficios
y el culto solar. Tanto el emperador Intip Churin
(hijo del Sol) como el Purun runa (simple mortal),
tenían fundamentalmente dos deidades: El Sol (dios visible y generador
de todo lo existente), y el temido Pachacamac (deidad invisible
pero presente). Sin embargo, el panteón de los dioses andinos tiene
numerosas deidades menores y locales, igualmente venerados con fervor.
Así, se tiene a las Huacas (corporizadas en hombres,
montañas, ríos, animales, frutos, rocas); Mamacocha (el mar); Illapa
(el trueno); Pachamama (la madre tierra); Mamaquilla (la madre luna);
Apu (el espíritu de las montañas), etc. Asimismo, los incas
distinguían tres niveles espaciales donde moraba todo: Hanaq Pacha,
mundo de arriba, donde vivían los antiguos creadores, los constructores;
Kay Pacha, este mundo, habitado por los hombres, los animales, la
naturaleza; Ukhu Pacha o el mundo de abajo, donde moran y viajan
los muertos.

Nevado Awsangate (Cusco,
Perú)
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Los antiguos manuscritos andinos
Los dioses
"En tiempos muy antiguos existió una deidad
llamada Yanamca Tutañamca. Después vino otro dios llamado
Huallallo Carhuincho que venció [a Tutañamca]. Cuando [Huallallo
Carhuincho] alcanzó el poder, ordenó al hombre que sólo tuviera
dos hijos. A uno de ellos lo devoró y al otro lo dejó con vida...Tiempo
después, apareció otro dios llamado Pariacaca que expulsó
a los hombres de sus territorios...En aquél tiempo existió también
una huaca [deidad] de nombre Cuniraya. Pero no sabemos
si Cuniraya fue antes o después de Pariacaca, o si ese Cuniraya
existió al mismo tiempo o junto con Viracocha, el creador
del hombre. [Entonces] la gente en los adoratorios clamaba: "Cuniraya
Viracocha, hacedor del hombre, hacedor del mundo, tú tienes
cuanto es posible tener, tuyas son las chacras [campos de cultivo],
tuyo es el hombre: yo".
"Dioses y hombres de Huarochirí".
Cap. I. Recopilación de Francisco de Avila (s.XVI). Traducción
del quechua: José María Arguedas.

Icono Moche (Norte del Perú)
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Dioses y hombres de Huarochirí
Documento singular Dioses y hombres de Huarochirí
fue un manuscrito conformado por testimonios recogidos en quechua
-la lengua nativa de los andes- por el sacerdote cusqueño Francisco
de Avila a fines del siglo XVI, en la provincia de Huarochirí,
perteneciente a la arquidiócesis de Lima. Editado parcialmente por
Herman Trimborn (Leipzig, 1939) y por Hipólito Galante
(Madrid, 1942), con traducciones al alemán y al latín (del que se
hizo la primera traducción al español); su edición completa y cuidada
fue asegurada definitivamente por el Museo Nacional de Historia
y el Instituto de Estudios Peruanos de Lima, en 1966, con la
primera traducción directa del quechua al español a cargo de José
María Arguedas, quien dio, por lo demás, el título al manuscrito
aún sin nombre.
Señalada por el propio Arguedas como "la obra quechua
más importante de cuantas existen", Dioses y hombres de Huarochirí
es un invalorable texto que ofrece un cuadro completo y coherente
de la mitología, de los ritos y de la sociedad en una provincia
del Perú antiguo.

El Popol Vuh
Entre Dioses y hombres de Huarochirí
y el Popol Vuh -el libro sagrado de los maya/quiché-
hay sorprendentes similitudes, no obstante provenir de regiones distintas
y pertenecer a épocas más o menos diferentes.
En el capítulo 2 de "Dioses y hombres..." se relatan
las andanzas del dios Cuniraya Viracocha un obsesivo caminante
que peregrina por el universo bajo la apariencia de un individuo
harapiento.

En estas circunstancias Cuniraya encuentra a la bella Cahuillaca
a quien empreña valiéndose de un ardid: cuando ésta descansa apaciblemente bajo
un árbol de lúcumo, Cuniraya -convertido en pájaro- inyecta su semen en
una lúcuma que deja caer delante de Cahuillaca que devora la sabrosa fruta
quedando embarazada del dios. Asimismo, en los primeros capítulos del Popol
Vuh -el antiquísimo manuscrito centroamericano, rescatado en el s. XVIII por
el fraile Francisco Ximénez- aparece una doncella debajo de un árbol de
sabrosos frutos. Es allí donde la encuentra el Supremo Maestro Mago, uno
de los hacedores del mundo.
La doncella desea un fruto de aquel árbol y la deidad le indica
que simplemente extienda la mano con la palma abierta. Entonces, en ese instante,
el dios "lanzó con fuerza una densa saliva en la mano extendida de la joven",
quedando de esta manera preñada del Supremo Maestro. Esa saliva fue, naturalmente,
el semen divino del que nació la humanidad.

Mercado de Chichicastenango
(Guatemala)
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